Madre, yo al oro me humillo,
Él es mi amante y mi amado,
Pues de puro enamorado
Anda continuo amarillo.
Que pues doblón o sencillo
Hace todo cuanto quiero,
Poderoso caballero
Es don Dinero.
Extracto de “Poderoso caballero es don dinero” de Francisco de Quevedo
Dijo Tolstoi que “el dinero es una nueva forma de esclavitud, que sólo se distingue de la antigua por el hecho de que es impersonal, de que no existe una relación humana entre amo y esclavo”. Es la existencia del sujeto humano la que crea el dinero no sólo como objeto de intercambio, sino como fin primero y último de su existencia. El dinero es en sí un concepto neutro; es la relación respecto a él, el valor que se le otorga -mas allá del cuantificable “precio”, su importancia concedida por el Hombre- la que produce cualidades nefastas.
El Hombre con el dinero descubre su más perversa condición. Es a través de él -pero no a causa- que su actitud se pervierte, desbordando sus deseos de forma incontrolable. Su particular relación con el dinero hace que se inmiscuyan elementos que poco o nada tienen que ver con las funciones objetivas de este; de tener un carácter material e inanimado pasa a personificarse de tal modo que hacia él se experimentan todo tipo de sentimientos interhumanos: placer, amor, dolor, odio, etc. Cuando se atribuyen cualidades propias del hombre a un objeto, el diagnostico es que se padece algún tipo de patología. Y ésta es generalizada.
Gottfried Feder, uno de los más lúcidos economistas del siglo XX, llamaba a esta situación mammonismo[1]. En su Manifiesto contra la usura y la servidumbre del interés del dinero explica que “por mammonismo ha de entenderse: por una parte, el poder mundial del dinero, la potencia financiera supraestatal reinante por sobre el derecho de autodeterminación de los pueblos, la así llamada internacional dorada y, por otra parte, una disposición del espíritu que se ha adueñado de amplios círculos populares: el ansia de lucro insaciable, una concepción de la vida orientada exclusivamente a los valores materiales, que ya ha conducido y continuara conduciendo a una alarmante caída de todas las normas morales. Esta cosmovisión llevada al paroxismo esta corporizada en la plutocracia internacional.” [2]
En el mammonismo estamos, desde hace mucho tiempo. Ya en el siglo VIII A.C. el pastor -y profeta- Amós fue perseguido y expulsado[3] por, entre otras cosas, condenar y señalar: “aumentáis los precios, alteráis las balanzas; obligáis a los pobres a venderse por un par de sandalias”. Pero la existencia histórica de un comportamiento grotescamente materialista no tiene parangón con la sociedad actual de la Edad Contemporánea[4], que ha elevado la servidumbre -tanto material como espiritual- del dinero a una categoría superior, hasta el punto de no encontrar otro concepto que domine con tanta fuerza al Hombre. Objeto por el cual se han llevado a cabo las mas innobles acciones contra el propio ser humano, la mayoría de las veces mentiras conscientemente camufladas (“democratización, liberación, paz social”), lo que es aun mas abyecto si cabe: las acciones mas crueles van unidas siempre de las mas burdas mentiras.
Esta dinámica de posesión sojuzga las demás aspiraciones humanas, todo se postra a su poder: el arte, el amor, la propia existencia. Como un veneno todo lo menoscaba hasta transformarlo en lo contrario de lo que debería ser. Así aquello que eleva al hombre lo vuelve despreciable. La prueba esta en la concepción exclusivamente mercantilista de todo aquello que otrora dignificaba nuestra existencia, aquello que llamó Nietzsche “metafísica del hombre”.
El sentimiento de propiedad, que marca de modo tan importante y significante nuestra sociedad hasta subordinarla, fue defina por Aristóteles como “crematística”, es decir el “arte de enriquecerse sin límites”, mas allá de nuestras necesidades reales, convirtíendo el dinero en “ídolo de iniquidad”. La crematística es el deseo obsesivo por el dinero, otro síntoma mas de nuestra profunda enfermedad supramaterialista.
Las personas -bajo el mammonismo- dejamos de SER pues, una vez alienados, perdemos el carácter que nos hace humanos para crear algo nuevo -y viejo también-, algo despreciable: ni mas ni menos que unos mamones. De ahí que los sistemas y regímenes que nos gobiernan, disfrazados de democracias, no sean más que nepotismos, plutocracias y cleptocracias.
[1] “Mammon”es una palabra de origen arameo, significa “riqueza”, pero tiene una etimología confusa; los eruditos han sugerido conexiones con el verbo “confiar” o un significado de la palabra “confiado”, o con la palabra hebrea “matmon”, significado “tesoro”. También se utiliza en hebreo como palabra para simbolizar “dinero” (ממון.) . La palabra griega para Mammon, es μαμωνας (mamonas), y puede verse en el Sermón de la montaña (durante el discurso sobre la ostentación) y en la parábola del administrador injusto (Lucas 16:9-16). Otros eruditos derivan Mammon del fenicio mommon (“beneficio” o “utilidad”).” (Fuente: Wikipedia)
[2] Feder, Gottfried, Economia de Exito ahora prohibida, Buenos Aires, Editorial Argentina, 2001, p. 5
[3] Amós 7:12-13
[4] Leer La Fe Moderna de la Edad Contemporánea y La Iglesia Progresista y El Retablo de las Maravillas
“
El betún de Judea conquistó el último jardín
mientras se digitalizaba el suspiro del viento.
Suministro de Prozac para el enloquecimiento.
¿Dónde está el dulce perfume del jazmín?
Los aparejos, pertrechos y herramientas
fueron reemplazados por eficaces programas.
Ahora controlan hasta las tormentas,
y la memoria se almacena en fotogramas.
El pintor tiró su último pincel
el escultor, su cincel
Los brokers pontifican: ¡sube el pixel!
Las dudas, los misterios y las sombras
fueron alumbradas con diodos LED.
Repiten slogans en grandes pantallas:
¡comprad, vended, obedeced!
Llorar
no es rentable,
reír
no es productivo.
En un chip
millones de pensamientos
y tu talento
es conflictivo.
Nuestro pasado, estereotipado
Nuestro presente, decadente
Nuestro futuro ¡de ti depende!
Fue el criminólogo Nils Bejerot el que acuñó por primera vez el término Síndrome de Estocolmo para referirse a la relación de identificación que sienten los rehenes con sus captores [1]. Los factores de seguridad y de tiempo son concausa exponencial de esta peculiar respuesta psicológica donde el agredido siente una fuerte empatía con el agresor. Las crónicas de la época recogieron el robo de Norrmalmstorg de este modo:
El 23 de agosto de 1973, dos delincuentes armados con ametralladoras entraron en un banco de Estocolmo, Suecia. Blandiendo su arma, un hombre fugado de una prisión llamado Jan-Erik Olsson anunció a los aterrados empleados del banco que “la fiesta acaba de empezar”. Los dos atracadores tomaron cuatro rehenes, tres mujeres y un hombres, durante las 131 horas siguientes. Los rehenes permanecieron atados con dinamita en una cámara acorazada del banco hasta que finalmente fueron rescatados el día 28 de agosto.
Tras su rescate, los rehenes mostraron una actitud impactante, si tenemos en cuenta que los habían amenazado, maltratado y temieron por sus vidas durante unos 5 días. En sus entrevistas en la prensa fue evidente que apoyaban a los secuestradores y temían a los agentes de la ley que fueron en su rescate. Los rehenes habían llegado a pensar que los secuestradores estaban en realidad protegiéndoles de la policía. Una mujer mantuvo después una relación con uno de los criminales y otra creó un fondo de defensa legal para ayudar con los gastos de la defensa. Evidentemente, los rehenes habían creado un vínculo emocional con sus secuestradores.
La actitud y conjunto de síntomas y fenómenos padecidos por los rehenes son extrapolables a cualquier otra situación social donde uno o varios individuos dependen durante cierto tiempo de la protección de alguien o algo. Las sociedades suelen gobernarse mediante la autoridad de uno o varios elementos sobre el conjunto de todos ellos. La dirección prolongada por parte de una misma autoridad (gobernante, régimen, sistema) se sustenta básicamente en los mismos principios psicológicos que el Síndrome de Estocolmo: la relación de protección (real o no) se prolonga en el tiempo, haciendo que los gobernados se sientan seguros (o menos inseguros) bajo el paraguas del que parece depender su vida. Esta relación de sumisión pasiva se refuerza con las estructuras creadas por la autoridad, ya sean políticas, culturales, militares o económicas: “la autoridad irracional se basa en el poder y sirve para explotar a la persona sujeta a ella” [2].
Esta sumisión existe tanto en los regímenes dictatoriales paternalistas como en las pseudo-democrácias propias de nuestro tiempo. Tanto en uno como en otro los súbditos entregan su capacidad de decisión al ente superior que gobierna, ya sea a través de la aceptación directa en el régimen dictatorial o a través del voto en las pseudo-democrácias. Curiosamente el acto de votar escenifica de forma ficticia una libertad -la de elección- que en realidad no existe: la sugestión a través de la propaganda de los medios de comunicación, las ley de partidos y la propia educación oficial impiden la elección libre. Existe un comportamiento infantil en todo esto, ya que el “votante”, al igual que el recién nacido, elige entre lo que sus superiores le ofrecen y no entre todo lo que existe. El niño, al igual que el votante medio, no se pregunta ni el qué, ni el porqué ni el para qué, porque en la elección no se le pregunta nada de eso, sino simplemente el elegir entre las opciones mostradas: papilla de verduras, papilla de frutas… O lo que es lo mismo: Partido A, Partido B, Partido C, etc.
7 de Junio 2009, elecciones europeas y su democracia
Las pseudo-democracias utilizan la falsa pluralidad (distintos sabores de papillas) para reforzar la legitimidad de su autoridad, y los pseudo-ciudadanos (súbditos) en mayor parte participan. Es el mismo esquema que el Síndrome de Estocolmo: el rehén entrega su capacidad de elección a su captor por seguridad o/y empatía. Y se convierte en una costumbre, lo que refuerza aun más la existencia de esa relación de sumisión. El rehén-ciudadano no es completamente consciente de estar bajo la directriz del secuestrador, sino que cree que es una decisión propia y racional. De ahí que se le llame síndrome, porque es un conjunto de síntomas característicos de una enfermedad. Una enfermedad que inhibe el pensamiento crítico. De ahí que el pueblo, bajo una pseudo-democracia, en realidad sólo sea masa. Masa manejable y ciega. Masa llamada a las urnas el 7 de junio en otra escenificación democrática ficticia más.
El captor (sistema) ha dado muestras de su comportamiento antidemocrático, desobedeciendo en varias ocasiones los resultados de sus propias escenificaciones. En varias ocasiones los europeos reprobaron mediante “libre elección” la constitución europea, sin embargo esta fue aprobada. El rehén no protestó. El diagnóstico de la enfermedad psicológica es pues acertado, rozando incluso el masoquismo político y social.
Lo más curioso de estas elecciones es que los electores desconocen para qué sirve su voto. Saben que es para la constitución del parlamento europeo, pero ignoran como funciona y qué funciones tiene. Y mejor que no las sepa, porque el saber -la verdad- nos hará libres, y la libertad es algo que no tiene lugar en las pseudo-democracias, en la relación de sumisión rehén-captor. 490 millones de europeos viven, trabajan, nacen y mueren por un sistema que desconocen.
Europa: cortijo privado de la clase política parasitaria estatal
Los europeos estamos llamados a votar la composición de la eurocámara a través de nuestros representantes estatales. Es decir que, pese a que la elección configurará un parlamento a nivel europeo, los europeos sólo podrán votar a un nivel estatal: los franceses sólo podrán votar a los partidos políticos que se presenten en Francia, en vez de votar listas europeas. Esa es la primera trampa (dentro de la ya trampeada pseudo-democracia) de estas elecciones: la segregación del electorado europeo en antiguas parcelas de poder políticas (estado español, estado francés, etc.). El parlamento europeo no representará pues el voto europeo, sino que será un esperpento sumatorio de micro-elecciones estatales, cuyos escrutinio se dividirá porcentualmente entre el número de escaños asignados a cada estado. Así, el voto de un ciudadano europeo valdrá más o menos dependiendo de la fuerza de su estado dentro de la eurocámara. Esa desigualdad democrática que desvirtúa el valor de cada voto no es sino otra prueba más del caracter antidemocrático de este sistema. Antidemocrático y antieuropeo.
Lo “gracioso” (por llamarlo de alguna forma) de todo este asunto es que ese parlamento apenas tiene poder dentro de las estructuras de la Unión Europea. En realidad la eurocámara no es más que un elemento decorativo (y costoso) de una estructura política que depende realmente del Consejo Europeo, en el cual los europeos no tienen ni voz ni voto.
El Consejo Europeo está formado por los jefes de estado de los estados miembro de la Unión Europea, y la presidencia es ejercida por turnos rotativos entre estos. Se trata de una especie de club privado de las élites políticas europeas, cuyas decisiones dependen exclusivamente del interés de los distintos grupos de presión y lobbys que se multiplican en las instituciones europeas de forma asombrosa. No hace falta advertir que esos grupos de presión y lobbys no son sindicatos de trabajadores ni plataformas cívicas precisamente, sino sociedades mercantiles, financieras y militares transnacionales.
Los políticos gobiernan y legislan en base a las necesidades de esas corporaciones con total impunidad, sabiendo que el rehén-ciudadano apenas protestará (y si lo hace, será por cauces que ellos habrán dictaminado como ilegales y por lo tanto llevados a la marginación política y social).
Todo esto a expensas de los europeos. Porque todo este sistema existe “gracias” al trabajo y esfuerzo de los trabajadores europeos, que mantienen a través de sus impuestos (directos e indirectos) a esta clase política, que no existiría si los ciudadanos no tuviesen el Síndrome de Estocolmo político. Si el rehén no coopera, el captor no puede llevar a cabo su empresa.
¿Qué hacer ante las elecciones europeas?
En primer lugar, cada cual deberá elegir si es rehén o es libre. Es la primera decisión antes de cualquier posicionamiento. Se trata por lo tanto de tomar conciencia de nuestra existencia, de nuestro poder, de nuestras limitaciones, de nuestros deseos y de lo que queremos y no queremos. Si alguien está de acuerdo con la segregación entre iguales -europeos-, con la injusticia social y la explotación laboral, con la sumisión a poderes imperialistas y colonialistas, lo tiene fácil: votar a cualquier opción mayoritaria que se presenta. Al fin y al cabo son los artíficesde esa situación, y entre unos y otros no hay grandes diferencias: los dos grandes partidos (ficticiamente enfrentados, pero por los actos e intereses unidos) votan prácticamente lo mismo en la mayor parte de las elecciones parlamentarias europeas [3].
Sin embargo si lo que uno quiere es precisamente lo contrario, lo tiene difícil. Una Europa unida bajo un nuevo orden económico y social no es un objetivo que se pueda lograr a corto plazo, mucho menos mediante el voto en unas falsas elecciones. Participar en el paripé supondría directa e indirectamente legitimar esta injusta situación. Porque votar significa participar y por lo tanto aceptar de forma más o menos consciente el juego pseudo-democrático. Votar es aceptar las reglas impuestas, aceptar el sistema de votación impuesto y por lo tanto acatar los resultados de las pseudo-elecciones. Si existiese un partido político que cuestionase y luchase contra este sistema oligárquico, sería ilegalizado. Por lo tanto no existe el voto anti-sistema (lejos de la etiqueta maniquea que utiliza la prensa interesadamente [4]), como mucho opciones distintas que cumplen los requisitos legales del sistema: euroescépticos de extremaderecha y extremaizquierda (estatalistas, regionalistas…), y que son más un problema añadido que una solución, o dicho de otro modo, son la expresión extrema de un interés generalizado entre la clase política: segregación europea y mantenimiento de status de privilegios de unos sobre otros, ya sean privilegios de clase, de raza o de nación.
Moralmente sólo queda la abstención. Una abstención activa que represente una oposición personal e individual a todo este proceso anti-democrático, puesto que la oposición colectiva de los que nos consideramos europeos tendrá que construirse socialmente primero. Algunos argumentarán que sería mejor votar en blanco, ya que la abstención suele utilizarse como argumento euroescéptico (“si no votan en las europeas es porque no quieren ser Europa”). Sin embargo el voto en blanco es “entre todos los mostrados, el más pernicioso y colaboracionista. Pernicioso si su intención es la de protesta y colaboracionista porque refuerza el poder y representación de los grandes partidos e impide el acceso a los pequeños (…) Tal como están las cosas, el voto en blanco es en sí mismo un parásito, un mal electoral que aumenta aun más el poder de los grandes partidos y ahoga las alternativas minoritarias. El sistema de cálculo de representabilidad se ve alienado por el voto en blanco, dando resultados desvirtuados y poco proporcionales y representativos del voto real.” [5]
Abstención como expresión máxima de rechazo hacia esta clase política parasitaria y su sistema político y económico, abstención como negación real a todas sus estructuras. Abstención incomputable, sí, pero honesta.
[1] BEJEROT, Nils.”The six day war in Stockholm”. New Scientist, volumen 61, número 886, p. 486-487
[2] FROMM Erich. (1976) To have or to be. Abacus. p. 44-45
[3] PP y PSOE votan lo mismo en el Parlamento Europeo en un 70% de los casos
[4] PRIGORIAN, Nelly. ¿Quién controla el cuarto poder?. Rebelión [enlace]
«La Conquista del Estado. El primer semanario nacional-sindicalista español (1931)» Gabriela Viadero Carral

«La Conquista del Estado. El primer semanario nacional-sindicalista español (1931)»
Gabriela Viadero Carral
Orientaciones
«No estamos ante un libro cualquiera. Lo que el lector va a encontrar en esta obra es algo poco corriente: un estudio serio sobre una revista histórica y política, La Conquista del Estado. Si la historia es una de las disciplinas que se han abordado con mayor subjetividad, la historia política ha sido objeto de las más infames tergiversaciones. La figura de Ramiro Ledesma Ramos -como la de otros tantos ideólogos- ha sufrido todo tipo de interpretaciones, desde la muerte bibliográfica del silencio académico hasta las biografías apasionadas de sus detractores y sus supuestos partidarios.
El estudio que usted tiene en sus manos es de un gran valor cultural por dos motivos fundamentales. Primero, porque no es una obra literaria de un amante o detractor de La Conquista del Estado, donde se verían reflejadas más las filias y fobias del autor que el objeto estudiado, sino un trabajo universitario serio y responsable que ha pasado con solvencia los filtros de la corrección y calificación académica. Es decir, su calidad está avalada por expertos en la materia.
Segundo porque la autora, Gabriela Viadero Carral, no tenía ninguna opinión formada sobre Ramiro Ledesma Ramos o La Conquista del Estado antes de comenzar su investigación. Su aproximación, por lo tanto, ha estado libre de apasionamiento, lo que ha contribuido a la objetividad del trabajo. Esta mirada limpia y pura le ha permitido plasmar con magnificiencia y certera intuición la realidad del filósofo español y del “semanario de lucha y de información política” que él mismo impulsó.
Esto no quiere decir que la investigadora, desde el punto de vista humano, no fuese sintiendo un especial y sincero afecto por la figura de Ramiro Ledesma Ramos conforme desarrollaba su trabajo: viendo como aquel joven filósofo (discípulo de Ortega y Gasset y estudioso de Martin Heidegger, colaborador de La Gaceta Literaria y la Revista de Occidente) dejaba una prometedora y cómoda carrera intelectual para dedicarse de pleno a la lucha política radical en plena transición republicana, prescindiendo hasta de comer para poder pagar la impresión y distribución de su revista. Sin olvidar su triste pero heroica muerte. Una empatía sana y natural, nacida del estudio directo, que no ha restado ni un ápice la credibilidad de este trabajo.
¿Por qué era necesario un trabajo de investigación sobre esta publicación?
Pese a su temprana muerte -asesinado con poco más de treinta años-, Ramiro Ledesma Ramos encarnó los valores éticos, filosóficos y políticos de una generación europea que buscaba una alternativa a un mundo que se precipitaba al abismo entre el liberalismo y el marxismo. Esa alternativa, que conjugaba lo social y lo nacional, tuvo diversas manifestaciones a lo largo y ancho de Europa. La Conquista del Estado es, sobre el papel, la expresión española de esa corriente de vanguardia que, lamentablemente, ha sido poco y mal estudiada.
Además, como ya he comentado, su figura ha sido manipulada de tal modo que, en ocasiones, resulta irreconocible. Sus detractores le han presentado -cuando no silenciado- como un joven acartonado, fanático entusiasta del nacionalsocialismo y del fascismo -siempre de forma peyorativa- y sin ninguna originalidad o dimensión ideológica más allá de los prejuicios y clichés de los “bienpensantes”. Otros, supuestos seguidores, le han utilizado interesadamente para renovar su imagen y hacerla más atractiva, sin asumir los valores y postulados que él defendía. Estos ultraderechistas han construido un Ramiro Ledesma Ramos ficticio, valedor de causas que él combatió. Son estos últimos los que más daño han hecho a su recuerdo.
Así mismo, esta obra se hace imprescindible para comprender mejor aún una época, la de la II República, sobre la que mucho se habla y más se miente. Si bien es cierto que La Conquista del Estado -y las posteriores JONS- no tuvieron demasiada importancia en aquel momento, sí supusieron una vía política distinta. Vía que, en otros países, tuvo mucha fuerza y esperanzó a pueblos enteros. Tal vez la prematura muerte de la II República no permitió percibir el potencial de esta nueva alternativa, que podría haberse proyectado de otra forma si hubiese tenido más tiempo para difundirse.
En conclusión, era necesario, y por fin se ha hecho realidad, un trabajo que estudiara con claridad y transparencia no sólo los posicionamientos ideológicos de una época histórica concreta, sino una forma de ver y sentir la política que hoy en día sigue inspirando. Libre de prejuicios, heterodoxa, valiente y arriesgada… Así fue La Conquista del Estado, así fue Ramiro Ledesma Ramos.»
[Prólogo de Diego Urioste]
Querido lector,
Permíteme escribir una breve nota personal que estimo necesaria tanto para mí como para ti. Lo primero de todo, disculparme por no haber actualizado desde hace tantos meses, pero por diversos motivos no he podido conectarme a internet. Si me escribiste algún email te pido paciencia ya que tengo muchos -muchísimos- pendientes y voy respondiendo conforme los voy leyendo. Observo que, pese a todo, muchos habeis seguido visitándome.
La segunda parte de esta breve nota está dirigida para esa pequeña minoría de visitantes que precisa una atención especial (no por ello mejor, tal vez más especializada); no son otros que aquellos que se dedican a fabular, inventar e incluso intentar insultar de forma más o menos torpe. Supongo que algunos motivados por la incomprensión, otros posiblemente por la simple y llana estupidez o maldad. Estas últimas suelen ir en bastantes ocasiones de la mano.
Soy una persona joven con muchas inquietudes, de todo tipo. Desde muy joven me he interesado de forma apasionada por todo tipo de temas y cuestiones, y siempre he tratado de aprender y reflexionar sobre todo tipo de áreas. Me he movido en base a esas pasiones, de forma bastante activa, y nunca he dado nada por sabido ni aprendido del todo, ni siquiera lo más aparentemente simple. Es esa curiosidad la energía que siempre me ha empujado a aprender, a estudiar, a vivir, a arriesgar, a perder y a ganar. No, no me arrepiento de nada de lo que he hecho. Todo ello forma parte de mi vida, y hay que asumirla como un pueblo asume su historia. Con errores -muchos- y aciertos.
Algún lector se preguntará el porqué de todo esto. La respuesta es sencilla y sincera: muchos han tomado mi silencio como una excusa para desbarrar sobre mi persona. No es que me importe mucho lo que piensen, algunos de ellos son -tristemente- ese tipo de personas que dedican más su tiempo a examinar a los demás que a fijarse en sí mismos (tal vez por miedo a conocerse de verdad, hay palos que no aguantarían su vela), sino que lo hago para aquellos que por desconocimiento se han llevado una idea errónea sobre mi pensamiento.
Podría escribir hojas y hojas sobre mis ideas, pero para eso ya existe el formato del libro y no pretendo -por ahora- aburrir a nadie. Simplemente aclarar algunos puntos.
Se podría resumir mi posicionamiento en el manifiesto que escribí hace cierto tiempo, y que está colgado en este mismo blog: Manifiesto Revolucionario por el Libre Pensamiento. Invito a todo aquel que esté interesado a leerlo.
Nunca me gustaron las etiquetas, siempre pensé que era una forma de encerrar en una pobre cárcel un pensamiento poderoso, una forma paupérrima de enlatar y encasillar algo superior. Pero una cosa es lo que piense uno y otra lo que pueda comunicar a los demás. Para la comunicación efectiva -política o de otra índole- es imprescindible que el receptor entienda el mensaje del emisor, y por lo tanto se ha de adecuar el lenguaje. Y en política, lamentablemente, sólo se entiende el lenguaje de las etiquetas y de las posiciones. Y yo, que no soy más ni menos que nadie, tuve que hacerlo también para hacerme entender.
Mi interés por la política no ha sido nunca personal, sino más bien todo lo contrario: mi interés nace y pervive de la necesidad de cambiar las situaciones, pensamientos o actitudes que bajo mi punto de vista eran negativas para el conjunto de las personas. Por eso jamás he militado en ninguna asociación o partido político mayoritario. Mi personalidad es todo lo contrario a la de un político: mi cuerpo siempre me ha pedido vivir de forma ascética, alejado de todo y todos, en soledad. Pero mi conciencia relegó a un segundo plano mi particular condición personal para luchar por lo que nos importa a todos. Supongo que esto os ha pasado a más de uno. Otros sin embargo se interesan por lo político (lo público) por diversos motivos personales: intereses económicos, necesidad de satisfacer su ego, precisión de pertenecer a un grupo o tribu etc.
Algunos han criticado mi falta de “lealtad a una ideología” y no mienten al decirlo: yo sólo soy fiel a mi pensamiento. Y mi pensamiento, como yo, es joven, abierto y evoluciona. No tiene miedo a aprender o rectificar, todo lo contrario: siemrpe está en búsqueda de alguna verdad. Una ideología no puede ser un estandarte muerto incrustrado en un suelo de cemento, pero algunos lo entienden así. Una ideología, como un ejército (al fin y al cabo la política es una batalla) debe moverse, mejorar y luchar conforme a la realidad que le toca vivir. Debe ser inteligente, más que el enemigo. A nadie se le ocurriría combatir con una falcata y un casco de cobre contra un ejército tecnológico, sin embargo esos que me critican siguen -ideológicamente- en la misma casilla del tablero de la política, pese a que ya hace tiempo que se cambió de tablero, de juego y de reglas.
Sin embargo eso no significa que hayan cambiado mis motivaciones, al contrario: sigo luchando por lo mismo. Es decir, por la justicia social, por el respeto a los pueblos y su sana identidad (algunos entenderán lo de “sana”) y en permanente lucha contra cualquier imperialismo, cualquier forma de capitalismo y/o acumulación injusta de capitales. Si esa lucha la defiende hoy X posicionamiento, ahí estaré yo. Si mañana la defiende Y, ahí estaré yo. Lo que no haré será seguir en X aunque no se defienda lo que creo que es justo por un asunto de “fidelidad al estandarte”. En todo caso, fidelidad a las motivaciones. Esto no lo entienden los fundamentalistas de las etiquetas, y por ello me critican. Espero que esto les aclare algo, aunque supongo que el que quiera criticarme lo seguirá haciendo, aunque ya no podrá alegar que soy un “chaquetero” porque aquí están escritas las razones.O tal vez su problema sea la compresión escrita. De eso sí que no me hago cargo, faltaría más.
Otra crítica que se me ha hecho ha sido, curiosamente, la de criticar. A algunos perturbados -lo siento pero alguien que piensa así no puede ser otra cosa- se han llegado a creer (o tratan de hacer creer) que cualquier crítica escrita a sus dogmas está hecha por mí, aunque yo no aparezca como autor. Siento decirles a todos ellos que las críticas las he hecho siempre identificándome, y que de hecho en este mismo blog podrán encontrar varios artículos donde se critican distintos dogmas y posicionamientos políticos. Si usan el buscador encontrarán artículos contra el populismo de la extrema derecha ( http://urioste.eu/2006/09/16/la-insustancialidad-del-populismo/ ), contra el progresismo y el izquierdismo ( http://urioste.eu/2007/07/08/la-iglesia-progresista-y-el-retablo-de-las-maravillas/ ), entre otros. No necesito esconderme detrás del anonimato para criticar. Tal vez la cuestión sea que es más fácil atribuirme insultos o argumentos débiles que responder de forma argumentada a los que expongo públicamente. De eso tampoco me hago cargo.
No quiero alargarme más, creo que queda todo aclarado. Espero que el lector normal (es decir, aquel que comprende) no se asuste ante esta nota, y sepa entender el tono de la misma. Así mismo espero que los que tengan que reflexionar lo hagan, y se den cuenta de alguna forma que ciertas actitudes no son correctas. La vida es un camino de aprendizaje, de errores y aciertos, y es inútil perseverar en una actitud, posición o idea si esta ya no es válida. Como animales que somos, los más inteligentes evolucionan: sólo desde posiciones actuales y objetivas se puede combatir de forma radical al enemigo. Lo demás son ínfulas que desvían la lucha y sólo alimentan la triste vanidad, y al enemigo.
Un fuerte abrazo, y la promesa de actualizar de nuevo este blog con artículos -esta vez sí- de interés.
Diego
Theodore Levitt, director de la Harvard Bussiness Review, decía que “los científicos y las tecnologías han conseguido lo que hace mucho tiempo intentaban, sin éxito, los militares y los hombres de estado: el imperio global… Los mercados de capitales, productos y servicios, gestión y técnicas de fabricación, son ya, todos ellos, globales por naturaleza. Es el Global Marketplace. Esta nueva realidad aparece en el mismo momento en que las técnicas avanzadas transformaron la información y la comunicación”.
Se trata de la globalización financiera, el supramercado que todo lo engulle. En los últimos tiempos, sobretodo desde la caída del muro de Berlín, las transacciones financieras han superado a las estrictamente productivas. Es decir, las operaciones especulativas han rebasado a las comerciales, mercantiles y de bienes y servicios. Hablamos pues de una economía sustentada en la alteración constante y artificial del precio de unos valores inmateriales en un marco sin límites, global. Tras la máscara del cientifismo y del racionalismo, no hay nada más que un sistema mantenido en base a la confianza humana, pues la seguridad de las finanzas depende al final de la fe humana. Cuando no hay confianza en un sistema financiero, este quiebra estrepitosamente porque no está asentado sobre una economía real ni productiva, sino en la eterna especulación de valores. Un castillo de naipes cuya base es la frágil confianza. Psicología de masas para intereses de unos pocos. [1]
La globalización financiera exige, por lo tanto, medidas políticas para no tener impedimentos ni límites en su plan de extensión y acaparamiento total de todo tipo de mercados. La existencia de estados soberanos e intervencionistas es el mayor enemigo del proceso aparentemente imparable de la financiarización de la economía global. Por eso su principal objetivo es el de menguar los estados a través de la liberalización, que se eleva a la categoría de dogma contemporáneo. Vendieron (y siguen haciéndolo) la liberalización como el crisol de las corrientes modernizantes, el culmen de la razón y el último eslabón histórico del hombre [2]. Los recientes episodios de financiación pública de la deuda privada no responden a otra cosa que a la necesidad de liquidez de los mercados financieros ante su crisis, prueba evidente de la sumisión política antes este poder económico.
La exigencia política es pues la liberalización total, paradigma supremo de nuestra época. Liberalización del comercio, las finanzas, las comunicaciones, el trabajo, la sanidad etc. El orden político resultante es, en palabras de Fernando Soler “un orden unificado, mundial, en el cual, se dice, el Estado-nación que hasta ahora habíamos conocido sufre importantes mutaciones, hasta el punto de que estaría abocado a su misma desaparición. Es decir, sin la generalización de las políticas de liberalización, sin la continua desreglamentación y los masivos procesos de privatizaciones y sin la imposición de políticas supranacionales establecidas por organismos independientes de los propios estados, la globalización financiera no habría podido llegar a concretarse en los niveles en que lo ha hecho”[3].
Esa liberalización ha pretendido monopolizar el simbolismo de la democracia. De este modo, aquel que esté en contra de la privatización total será tachado de antidemocrático. Philip Allott dijo que “la democracia y el capitalismo son sistemas más totalitarios que el nazismo o el estalinismo” [4].
La eliminación total de las fronteras económicas ha llevado a desaparición de las soberanías políticas y nacionales, es decir a la uniformización global. Prácticamente en todo el mundo se come la misma comida, se viste de la misma forma y se escucha la misma música[5]: es el mundialismo, de carácter socio-cultural y consecuencia directa de la globalización económica.
Los comercios se extienden, las distancias se acortan, las riquezas se concentran. En 1970 los países del tercer mundo representaban el 40% del comercio internacional, veinte años después esta cifra había caído al 25%, las previsiones para el 2020 son poco más de un 5%. Pero esta desigualdad no sólo se incrementa entre países del primer y tercermundo. La propia ONU reconoce que el número de pobres se ha duplicado desde 1974 porque “la pobreza no deja de aumentar tanto en los países ricos como en los pobres”: la tercermundialización del primer mundo[6]. Según Soler “las clases dirigentes no son ya las mismas, ha nacido una hiperburguesía internacional que vive rodeada de un lujo cada vez mayor y suplanta a la élite vinculada al Estado y a las industrias de base nacional. Los detentadores del poder son ahora los agentes de los propietarios de las acciones. Una burguesía inversora reemplaza a la antigua burguesía productora y controla cada vez más los media, forzando las tomas de decisión e instaurando un control social casi omnímodo”. Es la manipulación de las masas [7], empresas de difusión de ideas y creadores de opinión pertenecientes a esas mismas élites, que a su vez dirigen y controlan a los partidos políticos [8]
En el símbolo y principal difusor de este modelo económico, Estados Unidos, las cifras del Buró de Censos revelaron que uno de cada ocho habitantes vive por debajo del umbral de pobreza, lo que equivale a 36,5 millones de personas en un país de casi 300 millones de personas censadas. El buró de Censos añade que en EEUU hay 5.000.000 más de pobres que hace seis años, y que el ingreso promedio es de 1.000 dólares inferior al que había en el año 2000, “sin contar con la gran depreciación que ha tenido el dólar en los últimos años”[9]. Según The New York Times, durante ese mismo periodo el único segmento de la población cuyos ingresos aumentaron fueron los del 5% más rico del país. Es decir, la supuesta bonanza económica del capitalismo liberal afecta negativamente al conjunto de la población, empobreciendola, y sólo repercute positivamente a los más ricos entre los ricos. Una economía al servicio del 5% de la población apoyada y sustentada por sistemas supuestamente democráticos.
En Europa la pobreza (ingresos inferiores a los 2 dólares por día) afecta al 21 % de la población, mientras el 5% sufre a causa de la inseguridad alimentaria, señaló Jacques Diouf, director general de la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO) [10]. Según Diouf, los factores que han contribuido al aumento de la pobreza en los últimos quince años han sido la eliminación de los sistemas de planificación centralizada y su liberalización y la disminución de los programas sociales en beneficio de las privatizaciones. El Eurostat revela que un 16% de la población europea malvive o sobrevive en la U.E.[11].
El sistema actual, que se encuentra en un proceso de crisis tanto de liquidez como de confianza, es un régimen económico que no sólo no ha sido capaz de mantener el nivel de vida de las clases medias mientras enriquecía a los más ricos, sino que los ha empobrecido y ha incrementado las desigualdades. La peligrosidad social de esta crisis debería alimentar una masa crítica que pidiese como mínimo cambios políticos y económicos (como en casi todas las crisis, de donde han nacido nuevas ideologías y revoluciones), pero este sistema se ha fortalecido tanto en cuanto a métodos de difusión de opinión e imagen, que ha sabido socializar su crisis hasta el punto que para la población no es fácil diferenciar entre su crisis y la de “ellos”. Además hasta ahora son los propios provocadores de la crisis (capitalistas y políticos) los que se muestran como única solución al problema. Por lo tanto la oposición a este sistema queda prácticamente anulada, desactivada.
[1] “La Fe Moderna de la Edad Contemporánea“, apartado “La “Fe Moderna” en el sistema de la Edad Contemporánea” (28-09-2007)
[2] Francis Fukuyama, The End of History and the Last Man, 1992
[3] Fernando Soler trabaja en el departamento de Filosofía en la Universitat de Valencia
[4] Entrevista a Philip Allott publicada en el diario El Mundo el 9 de Junio de 2007, también en el artículo “El totalitarismo de la democracia y el capitalismo, Philip Allott” que publiqué el mismo día.
[5] George Ritzer, La Mcdonalización de la sociedad: un análisis de la racionalización en la vida cotidiana, 1996
[6] ¿Proletarización de la clase media?
[7] Theodor W. Adorno y Max Horkheimer, Sociedad de Masas y Comunicación, Nº 7 de la revista argentina Contratiempo
[8] ¿Votas o enriqueces? La financiación de los partidos políticos , 27/02/2008
[9] Hedelberto López Blanch en La pobreza de EEUU y Europa, artículo publicado el 04 de Diciembre de 2007 en la revista San Borondón.
[10] En la página de la FAO hay un índice de artículos de Jacques Diouf, en este enlace.
[11] En el portal del Eurostat se puede acceder a las estadísticas que este organismo produce.
Amigo, quiero que mis palabras sean voz y no letras. Quiero que escuches bien lo que tengo que decirte, es importante. No vengo a venderte nada, fuiste tú el que me enviaste aquí. No ahora, lo harás en el futuro; yo vengo de allí. He vivido contigo, me hablaste de ti.
Querías que te dijese que no malgastes más tu tiempo. No dejes pasar más oportunidades, no volverán jamás. No aceptes consejos pusilánimes, las grandes conquistas pertenecen a los valientes. No vivas la vida de los demás, que nadie borre tus sueños. Sólo tenemos esta vida, lo que no has podido vivir no podrás hacerlo nunca más. Escucha a quién tenga algo que decir, rechaza a los charlatanes.
Insististe en que te explicase que no eres hijo de tu tiempo, que tu vida no depende de tu condición sino de tus metas. Pon tu voluntad al servicio de tus anhelos y de tus aptitudes. No hay guión para tu vida, no dejes que lo escriban por tí. No eres uno más, nadie lo es mientras no quiera serlo. Ellos querrán que seas como todos, rebélate.
Tratarán de callarte, de cortarte las alas, de echarte el ancla. La sociedad querrá pervertirte con deseos que no son tuyos, con modelos pobres y simples. Intentarán comprarte con un sueldo, una casa o un coche. Te harán seguir unas leyes que no refrendaste; no las sigas.
Observa el mundo con los ojos de un niño, es la curiosidad tu mejor maestra. No des nada por hecho ni nada por aprendido. Escucha antes de hablar, mira antes de andar. No temas por lo que dirán los demás, no son ellos los que vivirán tu vida.
No te lamentes, actúa. Respeta sólo a los que se lo merezcan, lucha sin miedo contra los opresores; ponte siempre del lado de los justos. No utilices tu fuerza para avasallar, sino para liberar. Me suplicaste que te dijese que no te creas nada de lo que cuenten, que la historia la escriben los hombres; no siempre es verdad.
Infórmate de lo que no cuentan las noticias, desconfía de quién habla de buenos y malos. Que el mal y el bien no son evidentes, no te dejes llevar. Pero una vez convencido, en la batalla, no mires atrás. No luches contra hermanos, busca al de arriba. Los culpables nunca van al frente, se esconden; no son tan fuertes, son cobardes. No esperes a que te ataquen, vete a por ellos. No temas perder la vida porque es el temor el que no te permitirá vivir.
Me hablaste de mucho más, por ahora es suficiente. Se libre de verdad, el mundo no es de los mediocres. Escápate con la mujer que amas, levanta tu bandera, arriésgalo todo, grita y rompe el silencio aunque parezca que estás solo.
Levántate, esta es tu vida.
Hasta la victoria, hasta siempre.
Europe es ein multilingue nazione, een realidad von plus de settecento million av abitanti. La langue serves zu kommunizieren, e aunque não exista une unique language comum europeo, en el XXI siècle tutti devono entender las other lenguas di forma natürlich. O intercambios de trabalhadores, students, kommerzielle et di cultura entre européens helps a faire famíliari los sonidos gli altri langues evropský.
La construction europea as a nazione exige la somma de tutti energie, de all volontées, superando vieux scontri. Europa needs un processus de unificazione real, radikale. Los männer et popoli o mundo comprendere that only com um Evropa fort podrán sein free, luttant contro el imperialismo kapitalistische et americké. Le nazionalismo europene ist el only capaz de fare frente a USA, et lo müssen comprendre tots os apoiantes di caducos nationalisms.
Il future é Europa.
Imagina que tienes un acuerdo con una persona, un acuerdo basado en la confianza y en el beneficio mutuo. Esa persona es seria, responsable y te ofrece seguridad, por eso le has elegido. Acuerdas que será el garante de tu dinero, y que a cambio de que te lo guarde y organice le pagarás a fin de mes un pequeño porcentaje del total: todos saléis ganando. Cada mes le das la totalidad de tu sueldo para que te lo guarde, y le indicas que pagos tiene que realizar por tí: la mensualidad del alquiler, del coche, el seguro etc. Así mismo acuerdas con esa persona que podrás disponer de tu dinero siempre que quieras, y que por esa molestia también cobrará una pequeña tasa.
El acuerdo parece funcionar, aunque es obvio que el que sale ganando es él, ya que no produce nada y cobra por guardar y organizar tu dinero. Decides recomendar a tus amistades y familiares que utilicen ese método, ya que es más cómodo delegar en esa persona de confianza todos los asuntos económicos. Así mismo decides recomendárselo a la empresa que te suministra gas, que te cobra la conexión a internet y a otras personas con las que mantienes intercambios regulares de dinero. Así, en vez de tener que pagarlo en mano, la persona que guarda el dinero simplemente tendrá que cambiar el dinero de cajón donde lo guarda, pasando el montante de cada factura de tu cajón al cajón del proveedor.
Conforme pasa el tiempo, el que guarda el dinero se da cuenta que en la mayor parte de los casos nadie saca la totalidad de sus ahorros, ya que apenas necesitan dinero “contante y sonante” para la vida: casi todos los pagos los realiza de cajón a cajón sin pasar por sus manos. Cada cajón pertenece a una persona o empresa, y contiene el total de sus ingresos menos sus gastos, aunque cada vez resulta más incómodo organizarlo ya que el que guarda el dinero cada vez tiene más clientes y menos espacio. Además algunos de los cajones no son lo suficientemente grandes para guardar todo el dinero. Dado que ha constatado que nunca se saca la totalidad de los ahorros y que los clientes confían en él, decide guardar el dinero de todos los cajones en una sala especial y sustituir los cajones por capetas donde irá anotando los ingresos y pagos de cada cuenta. Lo llama “cuentas”.
El sistema funciona a la perfección, el pequeño porcentaje que cobra el que guarda el dinero por proteger el dinero y moverlo de cuenta a cuenta supone al final un gran beneficio, y tras los cambios que realizó su trabajo apenas le supone media mañana de anotaciones en las cuentas. El dinero se va acumulando en la sala común, y hasta ahora ningún cliente le ha pedido que le muestre el contenido de su cajón, lo cual sería lícito. Concluye que este sistema funciona en base a la confianza ciega de los propietarios de las cuentas. Confianza que se ha ganado al no haber interrumpido jamás ningún intercambio de valores entre cuentas, básicamente. De esa forma los clientes saben que su dinero está en su cajón, aunque los cajones ya no existan y su dinero sea simplemente una anotación en un fichero.
En realidad, el intercambio de dinero entre cuentas no es tal. Todo el dinero va directamente a la sala grande de almacena de billetes y monedas, y el que guarda el dinero simplemente anota, resta o suma cifras de un fichero u otro. Es decir, que aunque los clientes piensen que lo que intercambian es dinero, lo que hacen es pasarse sumas y restas de cifras. El sistema funciona porque existe un acuerdo tácito que define y respalda esas cifras en base a un valor real monetario -el dinero contante y sonante de la gran sala- aunque nadie lo comprueba. Y es esto último lo que le hace pensar al que guarda el dinero que su negocio podría funcionar prácticamente sin dinero porque, salvo cuando algún cliente desea sacarlo (pocos, ya que los pagos se realizan de cuenta a cuenta o a través de una tarjeta electrónica que anota las cifras como él lo hace en los ficheros), no sirve de nada tenerlo allí ya que no hay apenas movilidad. El que guarda el dinero podría gastarse el 90% del dinero de la gran sala (que pertenece a sus clientes) y nadie se daría cuenta ya que nadie lo necesitaría. Sin embargo él es cauteloso y profesional.
Un día, una de sus primeras clientes le cuenta que se ha quedado en paro, y que dejará de abonar cada mes dinero hasta que no encuentre otro trabajo. Le cuenta que, sin embargo, le seguirán pasando los recibos de la luz, el agua, el colegio y otros pequeños gastos fijos mensuales, y que no puede hacerles frente. El que guarda el dinero le dice que vuelva al día siguiente, que necesita pensar sobre ello ya que es una situación a la que no se ha enfrentado y que ciertamente no será la única.
Al día siguiente, la mujer vuelve y el que guarda el dinero le propone un plan: él le adelantará dinero a cambio de que ella se lo devuelva en su totalidad, dentro de un tiempo, más un porcentaje para él. Dada la situación, la mujer acepta confiada: le ha pedido 10.000 unidades de dinero y tendrá que devolverle 13.000, es decir un 30% como concepto de adelanto. El que guarda el dinero saca esos 10.000 de la sala grande, es decir que es dinero de los otros clientes, aunque ellos jamás lo sabrán ni lo notarán ya que los pagos y cobros seguirán su curso como siempre. Pero el beneficio de ese adelanto, el 30% de suplemento, no lo depositará en esa sala sino que se lo quedará para sí mismo. Es decir, no sólo gana dinero por guardar y hacer sumas y restas de un fichero a otro, sino que obtiene beneficios directos con el dinero de los demás. Como nadie le pedirá cuentas, nadie se dará cuenta. Es un sistema perfecto y pronto tendrá varios clientes que pedirán adelantos de dinero a cambio de pagar un porcentaje sobre el total. Los beneficios personales del que guarda el dinero, conseguidos con el dinero de sus clientes, son extraordinarios.
El que guarda el dinero es consciente que está robando dinero de sus clientes para sacar provecho personal. Pero tiene las espaldas bien cubiertas, ya que además de que ningún cliente haya pedido comprobar que en su cajón está su dinero, él sólo se queda el porcentaje y el resto del dinero, al cabo de un tiempo, vuelve a la sala. Con tantos préstamos, en la sala sólo está el 5% del total del dinero que debería haber (sumando las cifras de todas las cuentas), pero todo funciona a la perfección ya que los pagos y cobros (las anotaciones y pequeñas cifras que sacan algunos clientes) están al día.
En realidad el dinero deja de existir, salvo para el que guarda el dinero. El que guarda el dinero controla y obtiene dinero, pero los demás (clientes y proveedores), objetivamente, sólo tienen carpetas con anotaciones de sumas y restas. El resultado del cálculo de cada carpeta es el dinero que tiene cada cliente, y que debería estar respaldado por dinero contante y sonante en la sala, pero ya no es así por el negocio de los préstamos. Los clientes, en conclusión, no tienen nada. Pero no lo saben porque el sistema de pagos y cobros sigue funcionando y siguen, por lo tanto, teniendo confianza.
El que guarda el dinero sabe que este sistema funcionará eternamente, salvo si todos le piden ver el dinero de sus cuentas o, en el peor de los casos, todos deciden sacar su dinero a la vez.
¿El que guarda el dinero es un ladrón? Fuera del cuento, le llaman banco.
El diccionario de la Real Academia Española de la lengua define al político como una persona que interviene en las cosas del gobierno y negocios del Estado. A esto habría que añadir que hace de su profesión pública un negocio en vez de un servicio al estado y sus ciudadanos.
Las campañas electorales duran ya toda la legislatura, y el enfrentamiento entre partidos es cada vez más violento en lo dialéctico. Los partidos políticos, empresas al uso con plantilla de trabajadores, gastan cada día más sus recursos económicos en publicidad y marketing agresivo, buscando el mayor impacto mediático de su ataque al adversario. La estrategia política actual se basa más en machacar al contrario que de proponer alternativas y opciones basadas en ciertos posicionamientos ideológicos. De hecho el voto ideológico es cada vez más residual y marginal, y en todo caso este se guía más por la identidad e imagen de cada partido, creada en laboratorios publicitarios expertos en creatividad y personalidad corporativa. Son, en definitiva, las mismas tácticas que las de las empresas. El producto, el partido.
Parece que todo está permitido en la contienda política. un gesto, la vida privada, el pasado o las amistades son motivos suficientes para construir una nueva campaña. ¿Todo? No, todo no. Hay un terreno que ningún político tocará, nadie hablará de ello de verdad. Se trata del negocio de la política, de la financiación de los partidos y de su dependencia total.
Existe una legislación sobre financiación de partidos políticos (ver) que convendría leer, estudiar y dar un buen repaso. Pero es imposible pues sólo se puede hacer desde el poder, y es al poder al que no conviene. Del mismo modo que jamás cambiará el sistema electoral donde un partido con un millón y medio de votos como IU tiene 5 representantes y un partido como CiU, con 835.47, tenga 10 (el que tiene el doble de votos tiene la mitad de representantes).
En el libro de José Manuel Urquiza [1] se puede leer que la Ley Orgánica 3/1987, de 2 de julio, sobre financiación de partidos políticos, nació con el objetivo fundamental de establecer el marco normativo básico que discipline, con arreglo a principios de suficiencia y publicidad, la actividad económica de aquellos. Fue aprobada por consenso (obviamente) en el Parlamento y es de destacar el hecho de que tuvo como ponente al diputado socialista Carlos Navarro, que después fue condenado e ingresó en prisión por ser el máximo responsable del mayor entramado de financiación irregular de un partido político, que ha conocido este país (Caso Filesa, Malesa, Time Export). En declaraciones a los medios de comunicación, el Sr. Navarro había dicho por entonces: “Con la nueva legislación, los partidos dejan de ser cajas negras para convertirse en instituciones absolutamente transparentes y fiscalizadas, no sólo para el dinero público sino también para el privado” (Diario Ya, 20-06-87) He aquí un claro ejemplo de hipocresía política.
Según un artículo aparecido en El País, firmado por Jose María Irujo, el PP recibió durante la última década auditada por el Tribunal de Cuentas 20,4 millones de euros en donativos, en su mayoría anónimos, 10 veces más que el PSOE, según se desprende de las memorias de fiscalización de dicho organismo. Al PP le siguen en la cabeza de recaudadores CiU y el PNV, con 20,8 y 15,6 millones de euros, respectivamente. Ambos acaparan el 60% de todas las donaciones y son, proporcionalmente, los más agraciados. Pese a las subvenciones públicas, el endeudamiento de partidos como el PSOE y el PSC es preocupante. Juntos suman una deuda de 55 millones de euros; le siguen el PNV, con 19; CiU, 14; IU, 9; y el PP, únicamente 8. La deuda total vencida con la banca se eleva a 37 millones.La partida presupuestaria de subvenciones ordinarias a los partidos políticos, 58 millones de euros, está congelada desde 1997 por razones de austeridad.
Estas donaciones generan servidumbres y favores. Los partidos por lo tanto están a merced tanto de los propios donantes (empresas) como de los bancos que condonan sus deudas. Las elecciones no son un gran acto donde se cuestiona la política del estado, sino una lucha entre intereses “superiores”, entre corporaciones, empresas y bancos. El pueblo en esta democracia no es más que el sustento popular que nutre este sistema, el cual con su voto -su aprobación oficial- legimita el sistema y todo lo que ello conlleva. Sin nosotros, ellos no podría existir, no al menos bajo la denominada democracia. Por eso es comprensible que algunos no quieran seguir nutriendo a este monstruo con su voto y hayan decidido hacer campaña por la abstención.
Es el compromiso que adquieren los partidos políticos con distintas empresas y lobbys lo que decide las políticas durante su mandato. Tras todos los grandes debates políticos no hay diferentes sensibilidades ideológicas, ni criterios distintos, sino la defensa de distintos intereses financieros. ¿A quienes representan los políticos? Sin duda alguna y practicamente en exclusiva, a esas empresas y bancos.
El PSOE debe más de 60 millones pese a sus pactos bancarios para cancelar deuda
Las cajas de ahorros prestaron a los partidos políticos 80 millones de euros durante 2004
La Caja de Ahorros de Jerez perdonó prestamos personales a Manuel Chaves y 31 dirigentes del PSOE
IU es el partido mas endeudado con la Cajas Andaluzas
El PSC debe 14 millones de euros a La Caixa desde hace 11 años. El PSOE debe en total 48 millones y el PNV 19,8
El banquero Emilio Botín, un inesperado maestro para Zapatero
[1] Corrupción Municipal, J.M. Urquiza; Edit. Almuzara. 2005
Cultura Antípodas