El código eterno del soldado

2007 Noviembre 26
by Diego Urioste

Desde la aparición el hombre este se ha organizado en sociedades. El hombre es de naturaleza social y, al igual que las demás especies animales, está configurado para cumplir un mínimo de objetivos vitales como la reproducción para la perpetuación de la especie. Toda sociedad, sea de la clase que sea, debe regirse por una moral común y compartida por todos los miembros que la componen.

La moral funciona por lo tanto como enlace entre los individuos de una comunidad, como un código social que rige los comportamientos y valores de sus miembros. Todos deben ser partícipes del código, es una obligación comunitaria. Al igual que no existe ningún estado con dos o más leyes fundamentales -constituciones-, no es posible la existencia de distintos códigos morales en una misma sociedad. El valor de un código de convivencia es precisamente su aceptación por la mayoría, es lo que la sustenta y nutre de legitimidad. “Una moral, un criterio, una ley, una sociedad.”

A lo largo de la historia, desde la propia existencia del hombre, se han creado multitud de códigos para guiar a las sociedades. Las propias religiones eran también guías de conducta para la convivencia de alguna comunidad o sociedad concreta, creando leyes de orientación para que los individuos viviesen bajo unos mismos principios. Civilizaciones (con sus respectivas normas sociales) se crearon sobre las ruinas de otras antiguas, religiones nuevas a partir de viejos libros, códigos de honor que se nutrieron de otros antiguos, sociedades edificadas a partir de la destrucción de sus enemigos.

La Edad Contemporánea[1] se ha caracterizado, entre otras cosas, por la creciente autonomía y orientación egocéntrica e individualista[2] frente a la heteronomía moral[3] tradicional. La existencia de una pluralidad de morales y códigos de conducta hace imposible la convivencia, ya que cada individuo o grupo de una sociedad se guiará según sus propias normas lo que generará conflictos irresolubles. La modernidad extrema el discurso autonomista hasta el punto de crear tantas moralidades sociales como individuos puedan existir. ¿Como es posible convivir en una comunidad con tantas leyes diferentes como miembros la componen, muchas de ellas opuestas? No es factible, es sencillamente inviable; una aberración filosófica y social cuyas consecuencias ya estamos sufriendo.

Sin embargo podemos observar como culturas y civilizaciones tan alejadas en el tiempo y en el espacio han compartido códigos morales y de honor comunes. Ahora que se relega la moralidad exclusivamente a las iglesias y los códigos de honor al estamento militar, es importante empaparse del maximalismo de aquellos códigos que guiaron a hombres, ciudadanos y soldados en distintos momentos y lugares de la historia de la humanidad.

Dharma del Kshatriya

El Kshatriya (“chatria” según la Real Academía de Lengua) es el “hombre de valores políticos, el que salva a los otros del dolor”. Era la casta gobernante y guerrera, aquella encargada de proteger a los suyos -su comunidad- mediante “medios justos para el alma”. El acceso a esta casta era sumamente complicado, ya que dependía de dos factores bien distintos: herencia y aptitud.

Por un lado los chatrias pertenecían a una de las castas de la civilización védica, que si bien aun estaban poco definidas, eran en parte hereditarias, como los títulos de nobleza conseguidos por algún mérito militar o académico en Europa. Por otro lado la pertenencia a la clase guerrera también dependía -del mismo modo que se conseguía- de la aptitud (guna), conducta (karma) y naturaleza personal (swabhava). Ser y pertenecer.

Del mismo modo que la “Noblesse Oblige” era más un deber de responsabilidad social que un derecho de los nobles y señores europeos, ser chatria era una responsabilidad social y militar. El código de conducta, el Dharma, era su código de honor y romperlo suponía algo peor que la muerte: la deshonra.

Julius Evola[4] escribió “[El guerrero debe tener] una lucidez supraconsciente o por encima de la pasión del heroísmo […], [y conferir a sus actos ese] carácter de pureza, de absolutidad, que debe tener toda acción y que puede tener cuando se la considera desde el punto de vista de la “guerra santa”: “Considera por igual la felicidad y la aflicción, el ganar y el perder, la victoria y la derrota, y entra en el combate. Cumpliendo así tu deber no incurrirás en pecado” (Bhagavad Gītā, 2.38) Se impone así la idea de “pecado”, que no se refiere más que al estado de voluntad incompleta y de acción, interiormente alejada todavía de la elevación, con respecta a la cual significa tan poco la vida, tanto la suya como la de los demás, y en la que ninguna medida humana tiene vigencia.”

Código de las Ordenes de Caballería

Las órdenes de caballería nacieron con las Cruzadas. En Oriente Próximo surgieron unas nuevas instituciones en las que los caballeros -soldados- se asociaban entre ellos bajo una estricta y casi monástica forma de vida para proteger a los peregrinos y defender las conquistas cristianas en Tierra Santa. Su vida estaba imbuida de misticismo, fidelidad y combate.

Siempre según Evola[5] “Los que juzgan las cruzadas por encima del hombro no sospechan que lo que ellos llaman “fanatismo religioso” es la prueba tangible de la presencia y la eficacia de una sensibilidad y de un tipo de decisión cuya ausencia caracteriza la barbarie auténtica. Porque a fin de cuentas el hombre de las Cruzadas todavía sabía alzarse, combatir y morir por un motivo que, en su esencia, era suprapolítico o suprahumano.

El código de Caballería:[6]

Valor: Buscar la excelencia en todas las tentativas que se esperan de un caballero, ya sean marciales o de otro tipo, tratando de encontrar la fuerza necesaria para ser usada al servicio de la justicia, en vez de para el engrandecimiento personal.

Justicia: Buscar siempre el camino hacia ‘lo justo’ sin las trabas que suponen los prejuicios o el interés personal. Darse cuenta de que la espada de la justicia puede ser terrible, por lo que debe ser atemperada por la humanidad y la clemencia. Si lo que tú ves como ‘justo’ concuerda con lo que ven los demás y lo buscas sin doblegarte a la tentación de tu propia conveniencia, entonces merecerás un bien ganado renombre.

Lealtad: Ser conocido por tu inquebrantable compromiso con la gente y con los ideales por los que decidiste vivir. Hay muchas cosas que requieren un término medio; la lealtad no es una de ellas.

Defensa: El caballero ideal estaba obligado por su juramento a defender a su señor feudal y a todos aquellos que dependían de él. Tratar siempre de defender a tu nación, a tu familia y a todos aquellos a los que tú consideras dignos de tu lealtad.

Coraje: Ser un caballero significa, a menudo, elegir el camino más difícil, el más costoso a nivel personal. Estar preparado para hacer sacrificios personales al servicio de los preceptos y de la gente que valoras. Pero, al mismo tiempo, un caballero debe buscar la sabiduría que le haga ver que la estupidez y el coraje son primos hermanos. Coraje también significa optar en todo, antes que por la mentira fácil, por la verdad. Buscar la verdad cuando sea posible, pero acordándose de atemperarla con la clemencia, porque la verdad pura puede llevar al dolor.

Fe: Un caballero debe tener fe en sus creencias; la fe le libra del desarraigo y le da esperanza para luchar contra la desesperanza que suponen las debilidades humanas.

Humildad: Valorar primero las contribuciones de los demás; no jactarse de los propios logros, dejar que eso lo hagan los demás por ti. Contar las hazañas de los demás antes que las propias, otorgándoles el renombre bien ganado mediante actos virtuosos. De esa forma, se glorificará al oficio de caballero, ayudando no sólo a las personas de las que se habla, sino a todos aquellos que se llamen a sí mismos caballeros.

Generosidad: Ser generoso en la medida en que los recursos propios lo permitan; la generosidad usada de esta manera es contraria a la gula. La generosidad hace más fácil el camino de la clemencia para discernir cuando se hace necesaria una decisión difícil.

Nobleza: Buscar la grandeza de carácter manteniéndose fiel a las virtudes y tareas de un caballero, dándose cuenta de que, aunque los ideales no puedan ser alcanzados, el hecho de esforzase por hacerlo ennoblece el espíritu y hace que el carácter crezca desde las cenizas hasta la gloria. La nobleza tiene tendencia a influir en los demás, ofreciendo un buen ejemplo de lo que puede hacerse al servicio de lo justo.

Franqueza: Tratar de hacer todo de lo que hemos hablado de forma tan sincera como sea posible, no en razón de un beneficio personal, sino porque es lo correcto. No restrinjas tu exploración a un mundo pequeño; busca infundir de estas cualidades cada aspecto de tu vida. Si lo consigues, aunque sea en una pequeña medida, serás recordado por tu calidad humana y tus virtudes.

Bushido

El Bushido es “el camino del guerrero”, el código de honor de los samurái que guía cada uno de sus actos. Al igual que en los anteriores códigos, cuyos paralelismos son evidentes, el hombre-guerrero hace de la Lealtad y el Honor su principal causa, siendo el deshonor la peor de las muertes en vida. Al igual que en el Dharma del guerrero el Bushido, a través de shintoísmo, lograba eliminar el sentido del pecado a través del amor al todo natural, como forma de explicar que nada hay de malo en lo que es innato[7]. El valor de la palabra era tan elevado como el de los actos, “hablar y hacer son lo mismo” repetían los samuráis como si de un mantra se tratase.

Sólo mediante el seppuku (suicidio ritual por desentrañamiento) el samurái podrá recobrar el honor perdido, lo que le costará la muerte física. En la Edad Contemporánea podemos aun encontrar ejemplos de heroísmo samurái como el de Yukio Mushima[8] que, tras no conseguir inspirar y convencer a los soldados japoneses de levantarse contra el gobierno e instaurar un sistema tradicional, realizó el Seppuku dejando el poema de muerte “jisei” tradicional.

Estas son las siete virtudes del Bushido:

Gi – Rectitud (decisiones correctas): Sé honrado en tus tratos con todo el mundo. Cree en la justicia, pero no en la que emana de los demás, sino en la tuya propia. Para un auténtico samurái no existen las tonalidades de gris en lo que se refiere a honradez y justicia. Sólo existe lo correcto y lo incorrecto.

Yuu – Coraje: Álzate sobre las masas de gente que temen actuar. Ocultarse como una tortuga en su caparazón no es vivir. Un samurái debe tener valor heroico. Es absolutamente arriesgado. Es peligroso. Es vivir la vida de forma plena, completa, maravillosa. El coraje heroico no es ciego. Es inteligente y fuerte. Reemplaza el miedo por el respeto y la precaución.

Jin – Benevolencia: Mediante el entrenamiento intenso el samurái se convierte en rápido y fuerte. No es como el resto de los hombres. Desarrolla un poder que debe ser usado en bien de todos. Tiene compasión. Ayuda a sus compañeros en cualquier oportunidad. Si la oportunidad no surge, se sale de su camino para encontrarla.

Rei – Respeto: Los samuráis no tienen motivos para ser crueles. No necesitan demostrar su fuerza. Un samurái es cortés incluso con sus enemigos. Sin esta muestra directa de respeto no somos mejores que los animales. Un samurái recibe respeto no solo por su fiereza en la batalla, sino también por su manera de tratar a los demás. La auténtica fuerza interior del samurái se vuelve evidente en tiempos de apuros.

Makoto – Honestidad, Sinceridad absoluta: Cuando un samurái dice que hará algo, es como si ya estuviera hecho. Nada en esta tierra lo detendrá en la realización de lo que ha dicho que hará. No ha de “dar su palabra” no ha de “prometer”, el simple hecho de hablar ha puesto en movimiento el acto de hacer. Hablar y hacer son la misma acción.

Meiyo – Honor: El auténtico samurái sólo tiene un juez de su propio honor, y es él mismo. Las decisiones que tomas y cómo las llevas a cabo son un reflejo de quién eres en realidad. No puedes ocultarte de ti mismo.

Chuu – Lealtad: Haber hecho o dicho “algo”, significa que ese “algo” le pertenece. Es responsable de ello y de todas las consecuencias que le sigan. Un samurái es intensamente leal a aquellos bajo su cuidado. Para aquellos de los que es responsable, permanece fieramente fiel. Las palabras de un hombre son como sus huellas; puedes seguirlas donde quiera que él vaya.

Credo legionario

El Credo Legionario es el código de honor y conducta de los legionarios creado por el fundador de La Legión Millán Astray, inspirado en el código Bushido que tradujo él mismo al castellano para impregnar a su cuerpo militar del más puro espíritu militar español. Al igual que las otras órdenes militares y guerreras, La Legión transciende más allá de la propia materialidad del ejército para componer una fuerza de choque mística e imparable. El espíritu conductor de los más grandes guerreros de la historia de la humanidad se encuentra de nuevo en este cuerpo de combate.

Millán Astray cristianiza e hispaniza al samurái, recobrando con ello el propio motivo militar de las órdenes de caballería al servicio de la Patria. El principio de enmienda encuentra aquí su más alta consideración, llamando a hombres que “huían de una vida anterior, redimirse, mediante el servicio armado”. “Valor, Compañerismo, Amistad, Unión, Sufrimiento, Disciplina, Muerte y Amor a la Bandera”.

Credo Legionario (fundacional)

El Espíritu del Legionario: es único y sin igual, es de ciega y feroz acometividad, de buscar siempre acotrar la distancia con el enemigo y llegar a la bayoneta.

El Espíritu de Compañerismo: con el sagrado juramento de no abandonar jamás a un hombre en el campo hasta perecer todos.

El Espíritu de Amistad: de juramento entre cada dos hombres.

El Espíritu de Unión y Socorro: a la voz de “A mí la Legión”, sea donde sea, acudirán todos y con razón, o sin ella, defenderán al legionario que pide auxilio.

El Espíritu de Marcha: jamás un legionario dirá que está cansado hasta caer reventado. Será el cuerpo más veloz y resistente.

El Espíritu de Sufrimiento y Dureza: no se quejará de fatiga, ni de dolor, ni de hambre, ni de sed ni de sueño. Hará todos los trabajos: cavará, arrastrará cañones, carros, estará destacado, hará convoyes, trabajará en lo que le manden.

El Espíritu de Acudir al Fuego: la Legión, desde el hombre solo hasta la Legión entera, acudirá siempre donde oiga fuego, de día, de novhe, siempre, siempre, aunque no tenga orden para ello.

El Espíritu de Disciplina: cumplirá su deber, obedecerá hasta morir.

El Espíritu de Combate: la Legión pedirá siempre siempre combatir, sin turno, sin contar los días, ni los meses, ni los años.

El Espíritu de la Muerte: morir en el combate es el mayor honor. No se muere más que una vez. La muerte llega sin dolor y morir no es tan horrible como parece. Lo más horrible es vivir siendo un cobarde.

La Bandera de la Legión: será la más gloriosa, porque la teñirá la sangre de sus legionarios.

Todos los hombres legionarios: son bravos. Cada nación tiene fama de bravura. Aquí es preciso demostrar qué pueblo es el más valiente.

Hombres y guerreros, de distintas tierras, de distintas épocas, de diferentes civilizaciones, de diversas procedencias, compartieron valores que ya son eternos. Códigos de honor que, como fuerzas misteriosas de la humanidad, inspiraron los episodios más elevados de victorias, derrotas, tragedia y felicidad, Arte, que el hombre pudiese lograr.

Es el Soldado

“Es el soldado, no el periodista,
quien nos ha dado la libertad de prensa.

Es el soldado, no el poeta,
quien nos ha dado la libertad de expresión.

Es el soldado, no el agitador de campus,
quien nos ha dado la libertad de manifestación.

Es el soldado, no el abogado,
quien nos ha dado el derecho a un juicio justo.

Es el soldado, no el político,
quien nos ha dado el derecho de voto.

Es el soldado, que saluda a la bandera,
que sirve bajo la bandera,
y cuyo ataúd está envuelto en la bandera,
quien permite al manifestante que queme la bandera.”

(Charles M. Province)

[1] D. Urioste “La Fe Moderna en la Edad Contemporánea”. En Ágora revolucionaria. Disponible en http://urioste.wordpress.com/2007/09/28/la-fe-moderna-de-la-edad-contemporanea/ [ Consultado el 26.11.07]
[2] L. Kohlberg, Desarrollo moral, véase teoría de estadios preconvencional de la moralidad, niveles 1 y 2.
[3] Kant, Heteronomía de la voluntad: “cuando un sujeto no sigue leyes morales, las leyes a las que está sometido no tienen su origen en su propia razón sino que le vienen dadas de fuera”.
[4] Julius Évola, Cabalgar el Tigre, (p. 60)
[5] Ibid. (p. 39-40)
[6] Sacado de la publicación virtual de la Orden de San Estanislao de Polonia
[7] Xinzhong Yao, El confucianismo
[8] Yukio Mishima fundó Tatenokai (Sociedad Escudo), unas milicias inspiradas en el código Bushido en 1968. Así mismo es autor de numerosas obras escritas, entre las que destaca la tetralogía “El mar de la Fertilidad” editado en España por Noguer y Caralt Editores, S.A. como obra de su pensamiento global.

12 comentarios dejar un →
  1. 2007 Noviembre 26

    Y tu Urioste…
    Deja que la gente conteste…
    Que solo te falta tener malas artes…

    Edición de Diego Urioste:
    Sago, no voy a permitir tus comentarios aquí, lo siento. Máxime si son en respuestas a otros temas que no tienen que ver con el artículo.

  2. 2007 Noviembre 26
    Luís D´Oc Enlace permanente

    Sin duda alguna, parece que existe una correa de transmisión a lo largo de la historia que, en base a unos valores, han nutrido a las mejores sociedades de realidades elevadas.

    En cuanto a las referencias, creo que a algunos nos llevará un tiempo ponernos al día. ¿La traducción de Mishima que has puesto es la buena?

    Muchas gracias por tu esfuerzo y trabajo.

  3. 2007 Noviembre 26

    El problema principal es el de la autonomía de valores, ya que como has explicado es imposible e inviable que exista una sociedad o un estado con varias leyes completamente distintas que choquen entre sí.

    Siendo la moral al construcción primera de la legalidad, la base de todo fundamento jurídico, es completamente cierto que todo esto pueda irse al garete, si es que no se ha ido ya.

    Yo no sé si es el soldado quién me da la libertad de expresión o no, pero creo que los soldados del arte en general conseguís muchas veces derribar muros que ninguna bayoneta puede lograr.

    Pero entiendo, de nuevo, el sentido del artículo y nuevamente concuerdo contigo.

    Un cordial saludo,
    Eduardo.

  4. 2007 Noviembre 26

    De eso se trata.
    Si, la traducción es la correcta, es una obra que se puede encontrar fácilmente, en la casa del libro sin ir más lejos.

    Por cierto si alguien tiene una referencia más explícita sobre Bhagavad Gītā, 2.38 le pediría que me la aportase, ya que no sé si es por la versión de mi libro o porque lo hizo así, pero no tengo la referencia que debería haber puesto Evola.

  5. 2007 Noviembre 27
    Cicuta para el corazón Enlace permanente

    Reconozco que no soy militarista, supongo que como el autor del blog por otras cosas que he leído.

    Sin embargo me quedo con esos VALORES que, por encima de ideas, ideologías, movimientos, gustos… Se han transmitido de cultura a cultura y han alimentado códigos de honor válidos como ejemplo de superación y entrega para la sociedad en general.

  6. 2007 Noviembre 27
    Soñadora Enlace permanente

    No sólamente en el mundo militar sino en el seno de las familias podían hasta hace bien poco, encontrarse muchas de esas virtudes y fundamentalmente en las madres que eran las que llevaban la tarea de educar a sus hijos.
    El coraje, la abnegación, el sacrificio, la benevolencia, el honor y un largo etc. eran virtudes que adornaban a cualquier mujer por sencilla y humilde que fuera.
    ¡Lástima, que hoy estén tan denostadas! En esta sociedad tan vacía se sustituyen por aspectos físicos como por ejemplo el mantenimiento de la figura y se añade “a pesar de haber sido madre recientemente”.

  7. 2007 Noviembre 27

    Bom texto. Agora só me falta traduzi-lo.
    A parte do Bushido está muito boa.

    Hanawa sakuragi itoha bushi

  8. 2007 Noviembre 28

    Et au français SVP!

  9. 2007 Noviembre 28

    He leído el artículo y los comentarios y no puedo estar más de acuerdo.
    Me parece especialmente importante el asunto que tratamos, los valores. Y creo que el motor de esos valores son la familia y la educación. Ahí están las principales válvulas para poder sacar de la inmundicia social a esta sociedad.

    Ojalá algún día podamos construir una sociedad mejor, donde el desconocido sea prójimo, donde la solidaridad sea un principio fundamental, donde podamos vivir como humanos y no como animales en una selva de asfalto.

  10. 2007 Noviembre 29
    Soñadora Enlace permanente

    Totalmente de acuerdo con Magda, casi nada “familia y educación”, pero ¿Qué entendemos por familia ? Sigue siendo válido el concepto tradicional? Por qué se está produciendo cada día más el fracaso de los proyectos de pareja que termina por destruirla? Es contraria a la naturaleza del individuo esa forma de relación o por el contrario el lazo de sangre es el más fuerte de los que se dan en el ser humano?
    Son muchos los interrogantes que se plantean y yo tengo mis respuestas pero pediría a Diego que hiciera un análisis en profundiddad de este tema, seguro dará pie al debate, que siempre es beneficioso si se hace con moderación y respeto,para reflexionar y como consecuencia a actuar cada uno en lo que le sea posible porque la disertación es básica pero insuficiente.Gracias por anticipado

  11. 2007 Noviembre 29

    A la espera de ese artículo que yo considero también que es necesario, he de decir y aseverar que sólo puede existir un modelo familiar y no es otro que el “tradicional”, que yo llamaría directamente natural.

    Primero, porque sólo se pueden concebir hijos entre un hombre y una mujer, no hay otra forma y por lo tanto así debe ser.

    Segundo, porque existen dos formas de ser naturales primarios, hombre y mujer, y sus roles definidos deben ser socializados al nacido de forma correcta para que cuando sea mayor pueda crear él una familia del modelo natural (es mitad innato mitad aprendido, como en la naturaleza).

    Tercero, porque la única forma de conseguir estabilidad psicológica, social y económica (a priori) es a través del núcleo de la familia natural y tradicional.

    El problema creo yo no es el modelo tradicional, sino la educación de la sociedad en general, la pérdida de valores (o los valores individuales/autónomos como se indica en el artículo), la desarticulación de la naturalidad del hombre por vidas artificiales. ¿Cómo revertir esta situación? Yendo al núcleo del problema: la educación. Educa en valores y tendrás a una generación de valores, educa en solidaridad y tendrás una sociedad en solidaridad, educa en vida y tendrás una generación provida. ¿Por qué no tenemos eso? Porque nuestros dirigentes son contrarios a esa educación, a ese modelo.

  12. 2008 Enero 2

    Al fin, algo con lo que estoy plenamente de acuerdo.

    Si lees a Tirteo, a Homero, a Virgilio, si lees los cantares de gesta, las sagas de los víkings o las crónicas de los reyes, ves que hay una línea que no cambia, el camino del guerrero es siempre el mismo, quien se aparta de él se aparta de la virtud.

    Enos Marmor iuvato!!!

Escribe un comentario

Nota: Puede usar XHTML básico en sus comentarios. Su dirección de correo electrónico nunca será publicada.

Subscripción al comentario vía RSS